En Plaza España una chica espera con un café en la mano a desayunar con unos amigos en la fuente de la plaza.Inquietante rebusca en el bolso, intentando encontrar las últimas fotos que se hizo con la polaroid que le regaló su nueva amiga, Lucille, una la tomó junto al estanque del retiro, otra en los barrotes de su cama, y la última en la escuela de danza.
Un grupo de manchas de colores, rojo, amarillo y negro se acercaban hacia ella, eran Alex, Rosa y Lucille. Cada uno con su café, menos Alex, que de costumbre, llevaba su cacao.
Todos se sentaron en la fuente y desayunaron mientras hablaban de sus métodos artísticos y deberes. Casi ninguno coincidía en las clases. Rosa y Alex, pintaban; Lucille era la única que había cogido como materia principal fotografía, los demás también la tenían, pero menos horas que ella; Nora y Alex, arte dramático; y Alicia, danza y música.
Ya eran casi las ocho y media, todos cogieron las mochilas y salieron corriendo hacia el colegio.
A la hora del almuerzo, todos se sentaban en un banco a hablar de sus clases, y de lo que habían aprendido.
Nada más terminar las clases Alicia salió corriendo para ir a trabajar a casa de la Señora Herminia-donde pintaba las paredes de la casa para poder pagar la escuela de danza-.
Hoy había tardado más de lo normal en pintarle las paredes del salón, la habitación y del comedor, así que no le dio tiempo a cambiarse y fue directamente a la escuela.
Llegó la primera de todas, y su profesora Mar, empezó las clases con ella.
A las nueve de la noche terminaba, cogía el autobús directo a su casa, donde se tomaba un baño con agua tibia, hacía los deberes y preparaba la cena para su hermano y su padre.
Siempre terminaba agotada, pero más cuando se pasaba las noches estudiando para los exámenes de instrumentos, como esta noche, al día siguiente le tocaba examen de oboe.
Siempre que tenía que practicar subía a la azotea y allí tocaba- allí no molestaba a nadie-.
Al día siguiente, como de costumbre se quedó dormida, y no le dio tiempo a desayunar con sus amigos.
En el examen estaba nerviosa, a la par que cansada y con agujetas en los brazos.
-Alicia Solar Higuera, es tu turno.
Entró en la sala, cerró la puerta y dejó la funda del instrumento junto a la silla. Se sentó y empezó a tocar la partitura que estaba puesta en el atril. Esa partitura se la sabía, la había practicado por la noche, aunque no le gustaba por el rápido intercambio de dedos.
Al terminar se limpió la frente, la profesora le dijo los fallos y la nota, esta vez, no le había ido tan mal, había sacado un siete.
Guardó el instrumento y salió hacia la siguiente clase de danza.
Al terminar, se fue al banco donde solían almorzar y dejó el oboe junto al banco, ella se tumbó, se puso las gafas y cerró los ojos, a la espera de sus amigos. Cuando estos volvieron ella se levantó y quiso cerciorarse de que el oboe estaba en el sitio en el que lo dejó, peor no era así, no estaba. Se quito las gafas y se lo dijo a todos sus amigos. Se metieron por el colegio en su búsqueda, y al pensar que era inútil se desvaneció y le entró un ataque de ira, en el que se desahogaba llorando.
Unos pasos se oían cada vez, como si se acercasen más. Era la profesora de música, le contó el problema y fueron juntas a buscar el oboe, pero al pasar por los talleres de estética, encontraron a un grupo de niñas riéndose y cuchicheando. La profesora abrió la puerta y ambas se encontraron con las niñas rodeando el oboe, resquebrajado y pintarrajeado.
-¿¡Qué demonios hacéis!?-dijo la profesora con un tono muy elevado, que causó el eco en todo el pasillo-.
-Eh, eh,… Nosotras lo vimos en el pasillo y pensamos que lo habían perdido.-dijo una niña rubia, que intentaba taparse el acné con kilos de maquillaje-, Pensamos que no era de nadie.
-Sabéis que aquí también se da música y esto pertenecería a alguien.
Alicia se cercó hacía la clase y descubrió a la profesora con aquellas niñas y su oboe.
-¡¿Qué ha pasado aquí?!, ese es mi oboe pone la marca en la lengüeta.
-Así que es el tuyo, bien pagaréis todos los daños, así que dadme vuestros nombres.
Alicia corrió hacia el oboe casi llorando y pensó que en la tienda de instrumento no la dejarían volver a alquilar un instrumento.
La profesora habló con los padres de las niñas y Alicia obtuvo un oboe nuevo, comprado en la tienda donde ella alquilaba los instrumentos, intercambiando el nuevo para alquiler y quedándose ella con el antiguo.
·END

wahahah..que largo!! *O* uqe ilu!!!
ResponderEliminarchupii..mola,me da penita Alicia,pobre chica..
continue!!^^