Vuela, vuela alto, horripilante ave. Y mira que son feas, esas plumas, qué colores, no me gustaría tener eso por vida.-¿Qué haces Rosa?-dijo Alex que acababa de llegar a la fuente.
-Ehmm…nada, nada mirar los pájaros.
Ambos se sentaron en la fuente de todas las mañanas, mientras Alex se tomaba el cacao, Rosa no le quitaba ojo.
-¿Qué miras?-dijo Alex quitándose el baso con los restos de la bebida en los labios.
Rosa empezó a reírse de él, mientras que Lucille se iba riendo de él desde el cruce.
-¡Hey!, dicen que esta tarde va a llover, así que podemos alquilar alguna película y la vemos en mi casa.-dijo Rosa-.
-Lo siento no puedo, mi tía ha vuelto, y queremos ir de compras y cenar juntas.-dijo Lucille-.
-Yo tengo teatro, así que…, dudo que vaya.-dijo Alex-.
-Chicos, me voy a comprar un café que no me mantengo de pié.-dijo Lucille mientras se levantaba.
-¿Qué tal en teatro, tenéis la obra ya?
-Que va, Nora todavía no ha dado señales y por más que la llamo al móvil, no me contesta. No se creo que ha empezado a trabajar.
-¿¡Ha trabajar!? si es muy inteligente, no creo que tire su futuro así porque sí.
-Nolose. Sólo me lo dijeron.
Recogieron todo y se fueron al colegio.
Por la tarde, llovió, como había previsto rosa. Y nadie, se había apuntado al plan, Lucille, estaba con su tía y Alicia, trabajando, así que fue a ver los ensayos de la obra de teatro de Alex.
Se escondió entre las butacas del final. En general no tenían obra, había poca gente inscrita en las clases, tres chicas, y Alex.
La profesora estab muy disgustada, pensaba que no hacía bien su trabajo, por eso nadie, iba a las clases.
Habían pasado más de media hora, y todavía no tenían el tipo de obra.
Rosa, tenía una gran idea, pero le daba vergüenza decirlo, la podían tomar por una intrusa que no contaba nada allí.
Cuando vio a su amado-Alex-desvanecerse, dijo:
-¡MOULIN ROUGE!
Todos se quedaron estupefactos. La profesora fue corriendo hacia ella como las demás niñas que ya cuchicheaban tras ella.
-¡Niña!, ¿cómo te has colado aquí?-dijo la profesora enfurecida.
-Eh…eh…sólo quería ayudar…-dijo resbalándose por el asiento.
-Déjala hablar, puede que ella nos dé una buena idea.-dijo Alex-.
Todos se quedaron callados mirándola con mala cara, menos Alex, que era el único que le importaba.
-¿Moulin Rouge…?-dijo con voz apagada, cada vez más bajo-.
-Sí, bueno, podríamos hacer una adaptación.
-¿Estas de broma?, es genial, música, amor, escenografía, ¡lo ideal para nuestro público!-dijo Alex con una gran sonrisa.
Todos se pusieron manos a la obra, pero faltaba un papel, el de Satine. Si estuviese Nora, la podría interpretar, cantaba muy bien, pero a Alex se le había ocurrido una idea.
-Rosa, tú podrías hacer de Satine, sólo hasta que venga Nora, si quieres no cantes, pero ayúdanos-le dijo mirándola a los ojos-.
-Ehm... vale.-dijo sin pensarlo.
El día del espectáculo sería el veinte y cuatro de abril.
Rosa, al final terminó cantando, al igual que todos en la función.
Cada día después de las clases iban allí y pintaban los escenarios, y retocaban la ropa para la función.
Rosa y Alex, terminaron haciéndose muy amigos debido al tiempo que pasaban juntos.
Había una escena-la última-en la que tenían que besarse apasionadamente.
A Rosa le daba vergüenza, pero Alex ya tenía experiencia por las otras obras ya realizadas.
Rosa había conseguido lo que se proponía, hacer que Alex se olvidase de Nora, aunque ella sabía que amaba a Nora.
Estaba más inspirada que nunca en la pintura, sus dibujos y cuadros eran realmente buenos. Se vestía con colores vivos y ahora siempre llevaba un broche de una margarita.
Todo era felicidad, aunque esa felicidad, duró poco.
Unos días antes al estreno de la obra apareció Nora, quedándose con el papel protagonista de Satine.
Nadie se interpuso en que le quitase el papel a Rosa. La mejoraba en todo, imagen, voz, …un sin fin de cosas.
Si quiera nadie le dio las gracias. Había pasado al anonimato.
En las clases ya no era como antes, ahora lo hacía muchísimo mejor, expresaba todo ese dolor, ese sufrimiento en los dibujos, y en los cuadros. Había vuelto a los colores apagados, y los broches los dejó.
Ya no desayunaba nunca en la fuente, ni almorzaba con ellos, ni salía con ellos el fin de semana, si quiera los saludaba si se cruzaba con ellos.
Razones no la faltaban, nadie la apoyó con el regreso de Nora.
·END.


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